Al escuchar eso, al pensar que podía perderlo, salió mi yo más fiero. El bipolar que casi todos llevamos dentro. Y es que cuando me enfado pierdo el control; es como si algo en mí se activara y no se pudiera desactivar si no digo todo lo que pienso.
Me activan las injusticias, el dolor ajeno, el dolor propio, las humillaciones y la incomprensión.
Y cuando me activo, mis ojos adquieren una intensidad que parece que sea
capaz de cometer una auténtica locura. Mis palabras suben uno o dos tonos y siento que no me tranquilizo hasta sacarlo todo.
No consigo casi nunca mi objetivo cuando estoy en ese estado, pero al menos me desfogo.
Albert Espinosa
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