"Conseguirás lo que quieres cuando dejes de inventar excusas sobre por qué no lo tienes"

martes, 27 de noviembre de 2012

Todo ventajas


¿Que por qué creo firmemente en los beneficios de los animales? Porque son ventajas tan palpables que casi puedes cogerlas con las manos. Porque es innegable que la conexión con un animal es totalmente diferente a la conexión entre humanos


He vivido el alivio de salir a pasear con mi perro cuando estaba al borde del colapso; esa tranquilidad de saber que si lloraba nadie me iba a preguntar, simplemente no se iba a separar de mi regazo.


He llorado al ver cómo una niña del público en un show de delfines se montaba en una barca y sonreía ojoplática cuando se le acercaban los delfines.

He visto cómo mis abuelos se reconciliaban gracias al cuidado de los perros. Veo sus sonrisas cuando recuerdan a todos los perros que han tenido. Todos los domingos de verano me río al ver cómo mi abuela poco a poco va dejando entrar a Lin a la cocina y le mira como si fueran cómplices; y cómo mi madre, lejos de querer un animal en casa, se pasa la mañana acariciándo cabecitas peludas y hablando con tono agudo, como si se tratara de bebés.

He observado a una niña regular sus comportamientos dependiendo del animal con el que tratara, la he visto reducir su velocidad al correr para ir a la par del veterano de la manada o hacer trastadas al animal más manso de todos sabiendo a quién puede y no puede molestar.


Y si no me creéis... 




lunes, 26 de noviembre de 2012

Miliki

Hace unos días Miliki se fue en un barquito de cáscara de nuez, adornado con velas de papel. Se hizo a la mar para lejos llevar gotitas duradas de miel.
Puede que esté con Susanita y su ratón, con Don Pepito y Don José, con la Gallina Turuleca o con alguno de todos los niños que hizo sonreír a lo largo de su carrera. Sea como sea, seguro que anda quejándose de cómo le pica la nariz porque uno de los tres pelos que tiene su barba ya está haciendo de las suyas.
Hasta siempre, Miliki. El cuento no acaba aquí porque... 


... había una vez un circo

domingo, 18 de noviembre de 2012

Jugando a ser mayor

Me he pasado la vida deseando ser unos años mayor de lo que era.

Cuando tenía 11 años quería tener 13 para ir al instituto y ser de los mayores.

Con 13 quería tener 16 para tener más libertad y poder salir más, sin dar demasiadas explicaciones de con quién iba o dejaba de ir.

Con 15 deseaba tener una historia de amor de película, que no llegaría hasta los 17.
A los 16, cuando ya mi horario de salir se amplió, lo que deseaba era tener 18 años para poder entrar a los bares sin problema, ser voluntaria en una ONG, conducir, viajar con mis amigos,...

Cuando el deseo del amor ideal se cumplió a los 17, lo que quería era tener más edad para poder ser más independientes juntos.

Llegaron los 18, pude entrar a los bares, aprendí a conducir, me fui de viaje,... pero no podía esperar a empezar la universidad y vivir esa época tan impresionante de la que hablaba todo el mundo.

Esa época llegó, y por fortuna aún sigue actualmente. La disfruté y la sigo disfrutando. Coincido con todos aquellos que decían que era la mejor época de estudiante. Sin embargo, no me conformo con estudiar, necesito trabajar, aprender con ello y formarme. Algo que, por suerte, puedo compaginar.

A mis 20 años lo que quiero ahora es mi casa, mi refugio, mi vida asentada, mi perro, mi lado del sofá, mi chico, mis manías de convivencia. En definitiva, algo propio de edades más avanzadas, como siempre.

Y no hace mucho me dí cuenta de que llevo toda la vida deseando ser mayor para poder hacer otras cosas pero en realidad lo que necesito es volver atrás, a los 2 años cuando todo era perfecto, cuando todos estábamos juntos y yo era una esponja andante que asimilaba todo lo que le llegaba.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Dulce y tierna infancia

Llevaba su peluche en una bolsa de deporte. Ella y sólo ella podía llevar la bolsa. De ésta asomaba la cabecita de Canela, compañera de juegos, aventuras y sueños. Se iba de vacaciones y viajaba con ella.

Su amiga inseparable, la hermana que nunca tuvo, la mascota que siempre soñó. 

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Cómo diferenciar un amor verdadero de una patraña

Me río de los que juráis amor eterno a una persona el primer mes de relación y luego os rendís en el primer bache del camino.

Me río porque no me parece justo que os engañéis a vosotros mismos con ese amor incondicional que decís sentir y luego critiquéis a esas parejas de verdad que luchan contra cualquier cosa.

Que si ella no le merece, que si él es un cabrón, están acabados, no se quieren, están por estar, ella le va a dejar, él prefiere a sus amigos, ya no pegan, no son felices,... ¿Habéis probado alguna vez a dejar el orgullo a un lado y luchar por la persona que queréis de verdad? En ese caso, entenderéis a esas parejas. Y reconozco que yo no las logré entender del todo bien hasta hace poco, pero nunca las critiqué.

La ausencia de problemas no implica mayor intensidad en el sentimiento de los componentes de la pareja. Tampoco dota a ese sentimiento de mayor o menor veracidad. Lo que da fuerza es caer para luego volver a lo más alto. Eso es amor y no un mensajito de whatsapp por las mañanas o mil tweets empalagosos que no interesan a nadie. Eso es de modernos, no de románticos.

Amor es pasar meses sin saber de esa persona y no lograr quitártela de la cabeza ni una sola noche. Amor es no contener las lágrimas al verle después de tanto tiempo y luchar por no decir un "te echo tanto de menos...". Amor no es dejarlo todo por la otra persona, es saber compaginarlo. Es juntar sueños y luchar por ellos.

No se conquista con flores, bombones ni demás regalos prototipo. Se conquista con cosas personales, necesarias, desde un libro hasta una llave inglesa. Eso, ESO, y solo eso, es romántico. Significa un "cariño, te escucho cuando hablas y sabía que necesitabas urgentemente este boli azul del 0.5, como a ti te gusta". Y no os engañéis, no hay más.

Se trata de hacer simple... la cosa más compleja del mundo. Se trata de ser feliz...
en la simplicidad del día a día para estar a gusto en la complejidad de los años.


De amor ya no se muere, mas muriendo me marché

Tú, tristemente tú, me dijiste cuando me alejé 

que de amor ya no se muere 


mas muriendo me marché.



Pero estoy aquí... 

tras un año he comprendido que... 


si de amor ya no se muere, 
yo sin ti no viviré.



Abrázame también no importa que nos vean,

si sabes que me hace tanto bien quizas comprendas que 

se han de aprovechar todos los minutos, 

después nos faltaran si no vivimos juntos

jueves, 1 de noviembre de 2012

Escuelas felices


Te voy a confiar un secreto.

Hay una escuela donde no se aprende a deletrear, sino a cabalgar sobre ciervos.

Tampoco se aprende a mirar fijamente a la pizarra con ojos soñolientos, sino a navegar sobre nubes.

No a medir las carreras del cronómetro no los saltos con cinta métrica, sino a bailar sobre el alambre.

No se aprende a bajar la cabeza ni a mirar de reojo al maestro, sino a domar monstruos.

Tampoco a balbucear textos, sino a reconocer huellas de hadas.

Y nada de que dos y dos son cuatro y que la hora tiene sesenta minutos, sino a hacer magia y a soñar.

No a estar sentado, en las bellas mañanas de primavera, en un aula que huele a trapo de pizarra y a ropa sudada, sino a oler como las flores.

No a pedir buenas notas y temblar cuando van a ser entregadas, sino a caminar sobre el agua.

Allí tampoco se aprende que luna empieza con l, estrella se escribe con ll, y que lobo tiene una b, sino a hablar el lenguaje de los animales.

No a estar sentado inmóvil y con la boca cerrada, sino a vivir en los árboles.

Y mucho menos a empujar a los demás: «¡Largo! ¡Yo primero!», sino a consolar a las personas tristes.

Anónimo