Yo antes era de esas personas felices, no por tener mucho, sino porque lo que tenía lo sabía apreciar. Veía los libros de autoayuda sobre cómo llegar a la felicidad y sabía que no eran para mí, porque yo tenía mi propia receta para ser feliz y siempre pensé que la felicidad no era la meta, sino el camino.
Ahora es distinto, busco la felicidad por cada rincón de mi habitación y no queda nada. Saco la receta que tantas veces he preparado pero es como si hubiera olvidado hacerla. Intentos fallidos una y otra vez. Pero es que ahora es diferente, la receta no funciona sin un nuevo ingrediente: el tiempo.
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