"Conseguirás lo que quieres cuando dejes de inventar excusas sobre por qué no lo tienes"

viernes, 1 de junio de 2012

La vida es un charco al sol


Empezaba a hacerse tarde, tenía que levantarse e ir a trabajar. Le gustaba su trabajo, disfrutaba de él. Pocos pueden decir que su trabajo consiste en dar luz y calor a las personas, dudo que alguien pueda afirmar que su labor es iluminar la vida de todos y cada uno de los habitantes de este mundo.
Aunque para él no era trabajo, era una forma de vida y así era feliz.
Pero no todo eran buenos momentos, en invierno recibía muchas quejas, a veces decían que no hacía bien su trabajo, otras que se ausentaba durante unos meses sin avisar. Él lo hacía lo mejor que podía, pero a veces las nubes se lo impedían, eran la competencia.

Por fin se levantó y comenzó poco a poco con su jornada. Se asomó timidamente por las montañas, como si temiera que durante la noche la Luna se la hubiera jugado, comenzó a aparecer por el horizonte entre el mar y el cielo, dando los buenos días a los pequeños pececillos, pasó también entre rascacielos despertando a los humanos, sin olvidarse de las dunas doradas, los ríos y las llanuras. Vió que todo estaba igual que como lo dejó, algún llanto desconsolado y un par de problemas sin resolver al Norte, desorientación al Sur, nuevas oportunidades al Oeste y un camino que seguir hacia el Este. Esos días sabía que el mundo necesitaba de él, bueno, quizás no el mundo, pero sí un pequeño pedazo de él situado en un punto determinado del planeta.

Se acercó hacia el lugar y, tal y como esperaba, encontró sobre la roca a su pequeña salamandra. Ojos cerrados, boca seca, estirada, inmovilizada, descansaba. Le acarició con sus rayos y ella respondió con un pequeño cambio de postura.

- ¿Dónde te habías metido? - pregunta Salamandra
- He estado aquí, todos estos días.
- ¿Y por qué yo no te he visto?
- Llevas tres semanas con la cabeza enterrada en la tierra, no me podías ver.
- Pero te sentía.
- Lo sé, por eso no he faltado ni un día.
- ¿Algún día faltaras?
- Puede. Ya sabes, las nubes a veces son más fuertes que yo. Pero estaré detrás de ellas, no lo dudes.

Salamandra temía el invierno. Si algo le hacía sacar la cabeza de debajo de la tierra era su amigo Sol y pensar que en unos meses tendría que prescindir de él le hacía temblar.

- Puede que para entonces no me necesites – dijo su amigo como si supiera leer el pensamiento.


Pero no, todo el mundo le necesitaba, las plantas para vivir, los humanos para llevar ese ritmo de vida tan agobiante, los mares para lucirse bajo el cielo,  hasta los caracoles para salir de sus escondites.

- A veces pienso que no te valoras lo suficiente – dijo serio

- ¿Y qué es valorarse? Dímelo, ¿qué es lo que entiendes por valorarse a uno mismo?

-No dejarse pisar una y otra vez. Levantarse y decir: soy yo, aquí estoy, nada podrá conmigo. ¿Es que tú no lo entiendes así?




- No. Para mí es recordar que hay vida después de los malos momentos pero sin darse prisa en conseguirlo, no olvidar que de tu sonrisa dependen las alegrías de otros y que si son de verdad, no dejarán de esperar a que la sonrisa sea sincera. Para mí valorarse es respetar los propios sentimientos, seguir los impulsos de cada momento y no fallarse a uno mismo actuando de forma predeterminada. Es darse el tiempo necesario para las cosas necesarias.

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